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martes, 21 septiembre, 2021

“Siento la necesidad de cantar para la gente”

Marta Peruga no necesita presentación, la artista natural de Santalecina, lleva prácticamente tres décadas encima de los escenarios, y aquellos que la han visto actuar a buen seguro recordarán su voz. La jota ha marcado su carrera, desde sus inicios en la rondalla de su pueblo junto a su madre, pasando por numerosos concursos donde se dio a conocer, grabando discos… a la actualidad donde ejerce como docente tras cursar magisterio y psicopedagogía.

Aunque por el momento haya dejado apartada la música de forma profesional, la pasión que siente por ella es muy fuerte y ha tenido que buscar diversas alternativas para mantener esa vinculación. Este verano ha llevado a cabo numerosas actuaciones por Aragón, Navarra y País Vasco junto a Alejandro Ruiz y el montisonense Luis Sanvicente. Con el dinero recaudado pretenden desarrollar un proyecto folclórico que les llevará en los próximos meses a visitar Latinoamérica… ideas, creatividad y convicción no le faltan para conseguir lo que se proponga.

INICIOS EN LA RONDALLA

Apenas tendría tres o cuatro años, recuerda, cuando comenzó su vinculación con la música, concretamente con la jota. “A mi madre le gustaba mucho y nos llevaba a mi hermano y a mí. Mi primera profesora fue María Antonia, que por entonces era la que dirigía la rondalla de Santalecina”, explica Marta. A los siete años ya comenzó a acudir a concursos de jota. “Era fin de semana tras fin de semana. Toda la familia cogíamos el coche y nos recorríamos Aragón e incluso alguna población de La Rioja”. Cuando todavía era una niña -11 años- falleció su madre y aquello fue un punto de inflexión. Su padre se empeñó en que fuera al conservatorio para que se formara. En Monzón realizó el grado medio de guitarra y dos cursos de canto lírico, gracias a los que aprendió técnica vocal. “Al principio no quería; todo lo hacía de oído, era una negada para las partituras, pero cuando por fin dejé a un lado mi tozudez… me di cuenta que me encantaba. Estoy muy agradecida a mi padre, él me animo a dar ese paso”, asevera.

Pasó el tiempo, y su convicción de dedicarse a la música fue creciendo. Grabó su primer disco de jota como solista y poco después le llegó la oportunidad de publicar una maqueta con cinco canciones propias. “Bajo el nombre de Naia comencé a componer mis propias canciones de pop y a cantar acompañada de la guitarra. Incluso realicé algunos conciertos, pero finalmente aquello no siguió adelante por falta de tiempo”. Con la mayoría de edad llegó el momento de hacer las maletas, trasladarse a Zaragoza y comenzar sus estudios de magisterio, los cuales compatibilizó con el grado superior de guitarra en el conservatorio. Además, comenzó a cantar con la orquesta La Dama, formación a la que perteneció durante un año y medio.

Tras acabar su etapa universitaria, incluidos dos Erasmus en Austria y México –donde cantó con el coro juvenil de Morelia- pasó a dedicarse profesionalmente a la música. “Entré a formar parte de la orquesta “Nueva Alaska”, realizando 150 actuaciones al año, además de 2 o 3 ensayos por semana. Las oposiciones para conseguir una plaza como maestra se retrasaron, y mientras las preparaba me dedicaba laboralmente en exclusividad a la música. Fue una época muy enriquecedora, viajábamos prácticamente por todo el país… muchos kilómetros, dormir poco, la voz sufría bastante, en definitiva, una vida dura; pero lo que sentía en el escenario era increíble”, rememora.

EL CAMINO DE LA DOCENCIA

Una vez aprobó las oposiciones para ser maestra de primaria le dio prioridad a su carrera como docente. Comenzó en Alfajarín, para después regresar dos años a tierras mediocinqueñas, antes de volver a Zaragoza. “Quería seguir vinculada a la música. Siento la necesidad de cantar para la gente. Por eso busqué alternativas para continuar actuando, aunque fuera como hobby”, recuerda. El primer paso fue poner en marcha un dueto junto a Luis Sanvicente –piano-. “Realizábamos alguna actuación en bodas, conciertos sueltos… también me llamaban para cantar a temporadas en alguna orquesta, pero desde 2016 han sido cosas esporádicas”.

La formación musical creció con la incorporación de Álex, actual pareja de Marta, que sumó el sonido de su acordeón al dueto conformado con anterioridad. Este formato ha recorrido durante el verano multitud de poblaciones con un repertorio compuesto por jotas aragonesas, riojanas y navarras, rancheras… en general, un poco de todo. “La acogida está siendo espectacular, estamos muy contentos. Al ser un formato pequeño está funcionando muy bien y además apreciamos que el público -aunque sea desde sus asientos- necesita la música”.

Para canalizar el dinero recaudado han creado la asociación Arte Folk, de la que forman parte los tres músicos. Una entidad que busca el enriquecimiento cultural y la investigación de la música folklórica tanto a nivel de nuestro territorio, como su mezcla con la de otros países. “Si la pandemia nos lo permite, en los meses de diciembre y enero nos vamos a ir a Sudamérica y Centroamérica. Pediré un permiso sin retribución en el colegio y nos iremos a recorrer países como México –donde tengo muchos amigos-, Argentina, Colombia… Vamos sin rumbo, con la mochila a cuestas y a donde nos lleve el destino. Con el material que recopilemos tenemos varias ideas, pero de momento no hemos tomado una decisión sobre cómo plasmarlo, ya sea en un libro, un disco… Ya veremos”, señala.

RONDALLA DE SANTALECINA

Nuestra protagonista siempre ha estado muy identificada con su pueblo y sobre todo con la rondalla, la cual recuperó tras unos años sin actividad. “Lo hice por mi madre, no podía ser que nos la dejáramos perder”. Actualmente cuenta con una treintena de personas, contando niños y adultos, que reciben clases de canto, guitarra y bandurria. Durante varias épocas, Marta realizó importantes sacrificios y muchos kilómetros para regresar semanalmente a Santalecina a impartir los ensayos. Recientemente ha trasladado su residencia a Logroño, donde continuará dando clases en un colegio y afrontará nuevos proyectos, pero a pesar de ello, quiere seguir vinculada a su rondalla. “La idea es que sea José Luis Urbén el que me sustituya. Continuaré como directora y no me voy desvincular, quiero seguir ayudando y participar en los dos festivales que organizamos durante el año (villancicos en Navidad y otro para el verano coincidiendo con las fiestas de la población). Él se dedica profesionalmente a esto y va a poder atender de la mejor forma posible las necesidades de los alumnos”, recalca. La intención es atraer a vecinos de otras poblaciones que les guste la jota y que allí no tengan la posibilidad de desarrollar esta actividad.

Una puerta se cierra y otra se abre, y es que la jotera aragonesa va a comenzar una nueva andadura en la Escuela de Jotas Irabia de Pamplona y también en Vitoria. La oportunidad se ha producido debido a que Iñaki Reta, director de ambas escuelas, ha recibido una beca para irse a California y Marta será la encargada de ayudarle mientras él está en tierras americanas. “Desde Logroño tengo aproximadamente una hora en coche a ambas ciudades. Me desplazaré una vez por semana. Es un reto importante, hay muchos alumnos y es una gran responsabilidad”.

PRESENTE Y FUTURO

El traslado de residencia de Aragón a La Rioja supone alejarse de su Santalecina natal, este es el principal cambio en su vida a corto plazo. Proyectos para el futuro no le faltan, ella mientras disfruta del camino, de los niños, de enseñar y de la música. “La docencia es vocacional y mi idilio con la música es un don que he tenido desde pequeña. No me arrepiento de haber apostado por este camino, aunque tampoco descarto en un futuro intentar volver a dedicarme profesionalmente a la música, preparar un proyecto grande y emprender nuevas aventuras”. Mientras, se sigue formando en todos los aspectos y acumulando experiencias enriquecedoras.

Una de las espinas que tiene clavadas es la falta de tiempo para componer, hacer sus propias canciones. Lo que si ya hace un tiempo que dejó de lado son los concursos: “Me aparté cuando cumplí los veinte años. No me motivaban”. De lo que nunca ha querido alejarse es de la jota, la cual es incapaz de describir, ya que los sentimientos le invaden. “Me recuerda a mi madre”, suspira. Por último, concluye diciendo que está contenta y agradecida con todo lo que está pudiendo vivir y con el reconocimiento del público cada vez que se sube a un escenario.

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