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miércoles, 4 agosto, 2021

“Muchas empresas no tienen un problema de tráfico o visibilidad, sino de convertir sus visitas en negocio”

Alberto López es un emprendedor montisonense de 36 años afincado en San Mateo de Gállego, desde donde gestiona los diferentes proyectos que tiene en marcha. Actualmente dirige la agencia digital Wanatop, que en 2020 fue distinguida por su rápido crecimiento en porcentaje de facturación; por otro lado, ha realizado una apuesta decidida por la formación con la puesta en marcha de una escuela especializada en marketing digital. Un camino en el que aúna, los tres puntos mágicos a los que hace referencia en la entrevista: ganar dinero, hacer algo que le apasiona y aportar algo a los demás.

– ¿A qué edad comenzaste a sentirte atraído por el sector al que te dedicas actualmente?

Comencé alrededor del año 1995 a trastear con ordenadores y páginas web, coincidiendo cuando mi padre compró el primer Pentium 100 para hacer la renta y sus cosas de política.

Hice una web “no oficial” del Instituto Mor de Fuentes cuando en Monzón había pocas conexiones y ordenadores, desde luego no había material apto para profesores. Me gané algún tirón de orejas, pero muchas risas.

Más tarde tuvimos una web del grupo de amigos. Cuando llevamos un par de cervezas, ellos siempre dicen que fue la primera red social. Seis años antes que naciera Facebook ya teníamos álbumes con nuestras salidas, vídeos, perfiles personales, memes, un chat, y secciones de contenido que alimentábamos cada uno. Incluso nos facilitó algún romance, algo para lo que Internet también ha demostrado después una gran eficacia. Por mi parte habría seguido ese camino, pero tuve que hacer una pausa para los estudios, que no me despistaron de volver al mundo digital que realmente era lo que me gustaba de siempre.

– ¿Cuál ha sido tu trayectoria laboral desde que terminaste tus estudios?

Comencé a compatibilizar trabajo y estudios sobre los 17 años cuando me fui de Monzón a Zaragoza a realizar una formación más específica. No tardé mucho en montar un comercio electrónico, quizás de forma demasiado adelantada. Fue lo que me abrió las puertas a trabajar en una nueva profesión que todavía no existía, como especialista en marketing digital, en concreto en posicionamiento web. De eso hará unos 15 años.

Hoy en día creo que sigue siendo una buena estrategia, conseguí buenos trabajos no por mis estudios (por aquel entonces no existían) sino mas bien por demostrar mis habilidades con proyectos reales.

– ¿Un emprendedor se nace o se hace? Explícanos como surge la idea de Wanatop

Estoy convencido de la necesidad de tener unas habilidades innatas. En mi caso siempre había querido emprender, desde antes de que me comenzaran a contar el cuento de que hay que buscar un trabajo a toda costa y cumplir siempre las normas. En este caso Wanatop nace con las ganas de abandonar el mundo de las oficinas y las grandes empresas. Sabía que durante ese periodo había aprendido mucho, había conseguido numerosos contactos, pero esa etapa había llegado a su fin. Son fases por las que hay que pasar, ser un poco egoísta con tus objetivos. Nadie te va a ayudar a definirlos, ni a luchar por ellos, es cosa de cada uno, y si además te duermes se escapa el tren.

Me establecí hace 7 años como autónomo para ofrecer servicios de marketing digital, que es donde encontré que se juntan los tres puntos mágicos: poder ganar dinero, algo que me apasionaba, y la posibilidad de aportar algo a los demás. A día de hoy lo mantengo.

Emprender fue duro tal como se espera, pero cuando comencé no tenía pensado el punto en el que estamos ahora, facturando más del millón de euros anual en un sector de servicios, y dar trabajo a casi 30 personas y creciendo; algo que considero muy positivo.

– ¿En qué consiste el trabajo que lleváis a cabo?

Buscamos que los negocios con presencial digital consigan conectar sus productos, servicios y mensajes con su público objetivo. Esto no es fácil en la jungla de Internet, pero dominamos todos los canales para hacerlo, tales como el posicionamiento en Google, comunicación y publicidad en redes sociales, campañas en Youtube, Emaling automatizado, analítica web etc.

Realmente también estamos en el momento de antes de lanzarse a Internet, en el de definir la estrategia y los activos digitales a desarrollar, y en el de después, ya que muchos negocios no tienen un problema de tráfico o visibilidad, sino de convertir sus visitas en negocio.

– ¿Quiénes son vuestros clientes y cuales son vuestros objetivos?

Principalmente trabajamos con empresas para las que los canales digitales son una fuente importante de ingresos y de comunicación. Llevamos varios ecommerce puros o mixtos que facturan millones de euros en diversos sectores, tecnología, equipamiento industrial, juguetes, etc. También realizamos la captación de formularios para interesados en servicios a domicilio, formación, salud, etc. Además de gestión de comunicación digital, destacando el turismo de capitales importantes, marcas de gran consumo, o fundaciones relevantes a nivel nacional.

– A pesar de tu juventud te has labrado una importante trayectoria profesional. ¿Ha sido más fácil o más difícil de los esperado abrirte un hueco y convertirte en un referente como director de esta agencia digital?

Tengo que decir que la parte de arrancar el negocio fue relativamente fácil. En mi radio de acción había mucha demanda, la oferta de empresas y profesionales era poca y no muy seria. Eso me permitió arrancar con buen pie, que también para eso se necesita coraje y visión.

Lo complicado ha sido crecer, cada seis meses tenemos una empresa diferente. Nos tenemos que adaptar al mercado, buscar perfiles nuevos, reorganizarnos, dar entrada a proyectos. Comencé esta empresa en una época en la que surgieron muchas otras, que han ido desapareciendo, decreciendo e incluso desapareciendo. El defecto de un emprendedor es que está enganchado a la emoción de arrancar proyectos nuevos, cuando ya están establecidos y llega el momento de asentarse y crecer es cuando suelen desmotivarse. Aguantar, hacer las cosas bien e intentar ayudar a los demás me ha ayudado a ser reconocido en mi sector, sin ser un objetivo como tal.

-Los premios ADEA 2020 le distinguieron como finalista en la categoría de emprendimiento, ¿Qué supuso para usted?

Acabar un año tan oscuro como el 2020 con una distinción de este tipo fue emocionante. Aparecer en el auditorio delante de todos los empresarios más importantes de Aragón sin duda fue un momento dulce. Quedar como uno de los tres destacados entre tantas empresas que se presentan, y que se merecen igualmente todo el reconocimiento, fue una gran sorpresa.

-En 2020 os colasteis en la lista de empresas “Gacela” de empresa, rápido crecimiento que ahora imagino que habrá que consolidarlo. ¿Cómo os ha afectado la pandemia?

Esto fue una sorpresa total, un día me levanto con varios mensajes como que salíamos en un ranking publicado en la portada de El País. Éramos una de las empresas españolas que más había crecido en porcentaje de facturación en 2019. Una de las 25 aragonesas que había, y de las 14 tecnológicas de todo el país. El año 2020 ha sido otra cosa. Inevitablemente una agencia crece con sus clientes, y pasa lo mismo en el otro sentido. Ha sido duro ver el sufrimiento e incluso cierres de tantas empresas, aunque también ha habido grandes ganadores con todo esto.

En nuestro caso unas cosas han compensado a otras, mientras ya notamos un crecimiento de la actividad. Este último año ha sido más plano, hemos defendido el fuerte y a los que estamos dentro, aprovechando para reorganizarnos y mejorar temas internos.

-Háblanos de otro de tus proyectos, la escuela de formación en marketing digital Experts Academy.

La formación es otra de las pasiones que comparto con muchos compañeros. Creé la escuela con la intención de ayudar a los nuevos talentos digitales y a las empresas que los buscan.
Como negocio es más accesorio comparado con la agencia aunque también es un proyecto interesante en sí mismo.

Queremos llevar la formación digital de un ámbito mas teórico a uno más práctico, acercando a los estudiantes a lo que se van a encontrar en el mercado, aprovechando la experiencia de profesores que se dedican en activo al mundo digital. Ahora mismo tenemos un máster de marketing digital, y estamos ampliando con otros másters de usabilidad, y otro especializado en captación de tráfico, profesiones con alta demanda y sin oferta de formación en Aragón. Lo hacemos tanto presencial como en streaming.

– ¿Eres ambicioso para el futuro? ¿Algún proyecto u objetivo sobre la mesa a medio o largo plazo?

Uno siempre tiene planes, de hecho, hay que aprender a decir que no y a poner el foco en lo importante. La agencia me sigue apasionando como el primer día, y con la formación me queda mucho por hacer, pero sí que tengo en mente dos proyectos puramente digitales y orientados a otro tipo de público, para aprovechar mi experiencia digital, pero con curiosidad por retos nuevos.

-Resides en San Mateo de Gállego, una población de 3.000 habitantes, allí llevas a cabo tus negocios. ¿Hay futuro en Aragón y en sus pueblos más allá de Zaragoza capital?

Desde luego que lo hay, y ahora mucho más que antes. Solo necesitamos una cosa, una buena conexión a Internet; cuidado, no hablamos de muchos megas, sino de calidad. Estos 7 años he conseguido todo esto con una conexión de 8 megas en casa. También bajando a Zaragoza y viajando mucho en AVE. El éxodo rural es una realidad, pero siempre ligado a poder ejecutar tu trabajo en condiciones, y tener unos servicios mínimos para ti y tu familia.

Aunque los primeros que crezcan sean los pueblos “de ciudad”, creo que es muy positivo. Aquí se ve la vida de otra manera, y eso ayuda al bienestar de las personas, que vuelven a lo básico y necesitan menos cosas. Hay menos estímulos, y eso reconecta con el medio ambiente, que es la siguiente gran crisis que nos viene, la del planeta.

– ¿Cuál es tu vinculación actualmente con Monzón? ¿Sigues viniendo mucho?

Voy siempre que puedo. Seguimos pagando la cuota de la peña Zos, como vengo haciendo hace ya más de 20 años, y también mi mujer y mis hijos. Ver a la familia es un básico, y las amistades de Monzón, estén allí o en otro sitio, pero son para siempre.

– Cuéntanos algunos recuerdos de tu pueblo relacionados con tu infancia.

Estoy convencido de que crecer bajo la silueta del castillo deja una impronta de lo que transmite, fuerza, en todos los que crecemos bajo ella. Pienso mucho en ello.

Para un millenial de los 80 haber crecido en Monzón ha sido un regalo. Creo que todavía está la tienda de indios en el patio de parvulitos del Colegio Aragón, donde crecí. Recuerdo como cuando llegaba algún musulmán queríamos todos ser sus mejores amigos y le preguntábamos asombrados sobre su viaje; o si llegaba el circo venían con los animales a la valla del patio.

Crecer en el Palomar entre rivalidades, palos y piedras fue duro, no se sí ahora se llamaría bullyng o como, pero la cosa nunca estaba tranquila. También ahí surgen los amigos de verdad, con los que me recorría cada palmo de la “Montañeta”.

Vivimos la época dorada del “Basket”, muchos recordamos con cariño a Sito Alonso y al resto de entrenadores que dejaron parte de su personalidad en nosotros. Ya de adolescentes había varias zonas de bares en los que bailar hasta que saliera el sol. Las noches empezaban en el Rasta o en el Goya. Los grandes follones que se armaban a la salida del Metro o del Límites se quedaban ahí, sin móviles que grabaran cosas que hoy saldrían en la televisión nacional.

Romancear en el pasaje del Toven´s con la música de los raperos de fondo, en la plaza del Romabelo con unas patatas de la Ñam Ñam o en el nuevo parque de la Azucarera, igual ya con ayuda de los primeros SMS, en mi caso con un móvil prepago comprado en Meflur.

Recuerdo también los primeros años del conservatorio en la casa de la cultura, visitar Fercomex; y algo que siempre me dio mucha lástima perder al salir de Monzón, el nanbudo que comencé con un joven Sergio Medina. Ya en Zaragoza no me perdía “ni una” en Monzón gracias al tren regional, especialmente las fiestas al completo, el día de la Alegría, o los conciertos de Josel Casas en su modo más Rockandanci.

En Monzón siempre ha habido, y hay, mucho que hacer, y hemos tenido una libertad que en otras ciudades más grandes no hay. Creo que hoy en día el panorama es diferente para los jóvenes, pero tienen sus propios desafíos y cosas que hacer en Monzón, que sin duda es una ciudad muy especial. Yo siempre digo que soy de Monzón, aunque vivo en San Mateo, y no al revés.

– ¿Te queda tiempo para tus aficiones?

Actualmente tengo 3 hijos con lo que comparto casi todo el tiempo que no es de trabajo. Mi familia es lo primero. Durante muchos años he estado recuperando una raza de perro autóctona aragonesa llamada Can de Chira. Comenzamos hace casi 10 años con unos 8 ejemplares y la ayuda de Ambar, hoy en día hay más de un centenar y comenzar a dejarse ver mucho más. Mis dos Can de Chira han sido mi gran pasión hasta que los peques los destronaron.

Como deporte le doy a casi todo pero con la intensidad del tiempo que me queda, que no es mucho. Especialmente ahora me dedico a entrenar para carreras de obstáculos, un ejercicio muy completo y entretenido. Me parece que tiene muchas similitudes con mi día a día. Estoy deseando retomarlo cuando se pueda y hacerme un Templar, tranquila para divertirme con mis amigos. Si puedo, siempre ando entre manos con algún libro de filosofía, una carrera que tuve que dejar a medio acabar, y que es otra de mis aficiones hace años, y de la que también tengo el convencimiento de que necesita tener un papel más activo en la sociedad.

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