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miércoles, 20 octubre, 2021

Las competiciones «online», una alternativa para sobrevivir a las restricciones

Recientemente el ajedrez ha sufrido un repunte de popularidad inédito en las últimas décadas. El repentino interés por este deporte no es casualidad, y tiene un nombre propio: “Gambito de Dama”, una de las series más exitosas del año de la plataforma Netflix. Todo ello ha provocado que estas pasadas navidades la venta de tableros se disparara y también el interés por aprender este juego ha aumentado hasta cotas insospechadas.

La otra cara de la moneda viene marcada por las restricciones impuestas debido a la situación sanitaria, las cuales dificultan la posibilidad de realizar clases presenciales –solo está permitido en grupos reducidos- y sobre todo la participación en torneos. El formato “online” ha supuesto una bocanada de aire fresco para los ajedrecistas, que pueden de esta manera seguir entrenando y compitiendo en tiempos de Covid.

Esta modalidad está permitiendo a 18 alumnos de la Escuela Ajedrez Monzón participar en un campeonato mundial organizado con motivo de la Exposición Universal de Dubái. Una competición que se está desarrollando desde hace varias semanas y que cuenta con jugadores de medio millar de colegios y escuelas de ajedrez de todo el mundo. Las partidas tienen una duración de 20 minutos más diez segundos de incremento por jugada. Los dos equipos montisonenses participantes están encuadrados en sendos grupos de ocho, en el que los tres mejores pasan a la siguiente fase.

“El torneo está siendo un incentivo muy importante para los chavales. Tenemos dos equipos en competición uno con niños de 8 a 12 años y otro con jugadores un poco más mayores (hasta 14 años). De momento estamos contentos en cuanto a resultados; nos gustaría que al menos un equipo pasara a la siguiente fase. Aunque lo realmente importante es que sigan mejorando, aprendan y disfruten, sin olvidar que el esfuerzo es imprescindible”, explica Blas Garreta, uno de los entrenadores de la Escuela, que junto a María Garreta y Loli Nieto se encargan de coordinar todo lo referente a esta competición. “Cada uno juega desde su casa. Nosotros estamos en contacto continuo con ellos, pero no podemos ver el tablero en ningún momento ni intervenir en la partida. Únicamente les asesoramos en determinadas situaciones, como por ejemplo firmar unas tablas o les animamos ante una situación complicada”, señalan desde la Escuela.

El concejal de Deportes, Eliseo Martín, ha apoyado esta iniciativa, a la que hay que sumar la colaboración de la empresa Watering. Los integrantes del equipos de la Escuela Ajedrez Monzón está formado por Luis Sanromán, Daniel Latorre, David Manau, Davi Pricoppi, Sandra Salinas, Marcos Aguilerta, Diego Trallero, Luis Salinas y Javier Zarroca; por otro lado el conjunto patrocinado por el Espacio Joven lo conforman: Mario Buil, Laia Carabantes, Laura Cunillera, Artemy Ibatullin, Danil Ibatullin, Ivan Monter, Víctor Alagón, Néstor Tolosa y Eloy Jiménez.

Este no es el primer torneo “online” que disputan los mediocinqueños, que desde el pasado marzo –cuando comenzó la pandemia-, se han mostrado muy activos y les han ofrecido diversas alternativas a sus socios. El Torneo Memorial “Enrique Playán” o el de San Mateo son dos claros ejemplos, en ambos casos, centenares de participantes de todo el país e incluso de lugares tan alejados como Sudamérica, se dieron cita de forma virtual en la competición. Se reunieron jugadores de un gran nivel, logrando de esta forma sacar adelante unas citas, que presencialmente eran inviables debido a la situación sanitaria. “Tiene su complejidad movilizar a tanta gente. En septiembre reunimos a unas doscientas personas por categoría. Todo esto también nos está permitiendo labrar numerosas relaciones de amistad”, subraya.

MEDIDAS COVID

A pesar de las restricciones y los constantes cambios de normativa, la Escuela no ha arrojado la toalla y ha seguido mimando a sus alumnos. “Hemos mantenido las cifras de cursos anteriores de unos 50 o 60 niños aproximadamente. La única diferencia es que este año no lo hemos promocionado, al no haber posibilidad de ampliar los grupos. Una lástima ya que podríamos haber aprovechado el tirón que está teniendo el ajedrez”, explica Loli Nieto. Al menos hemos mantenido la actividad, aunque para ello han debido adaptarse a las normativas. En el local que utilizan, situado en el Paseo de La Arboleda, han tenido que realizar obras para contar con un ventanal más grande que permita una buena ventilación. Además, únicamente pueden realizar clases presenciales con cuatro alumnos a la vez. Una mampara separa a los jugadores (por debajo queda un hueco para que puedan pasarse el tablero) y cada vez que termina una partida se desinfectan las piezas, la mesa y las sillas que han sido utilizadas.

“Realizamos clases de una hora, algunos vienen un día a la semana y otros lo hacen dos; para complementarlo hemos instaurado como novedad las clases online, lo cual nos permite reunir a la vez hasta una docena de chavales”, recalcan. El propósito es intercalar teoría y práctica, hacerlo divertido y dinámico, darles una motivación con la realización de torneos entre los chicos y chicas de la Escuela, etc. “A partir de los seis años ya empiezan a competir, nuestra obligación en enseñarles a ganar y a perder, controlar su frustración, respetar al compañero, desarrollar su concentración y que se sientan parte de esta familia que formamos”.

INICIACIÓN

La Escuela de Ajedrez Monzón cuenta a sus espaldas con una trayectoria de 13 años. Comenzaron a reunirse en un local de la Asociación de Vecinos de San Juan. Una vez a la semana varios amigos se daban cita alrededor de un tablero dispuestos a pasar un buen rato. Después empezaron a impartir clases a los más pequeños y el club fue creciendo en cuanto a número de integrantes. Desde hace una década ocupan un local cedido por el Ayuntamiento conocido como “La casa del ajedrez”, donde desarrollan su actividad. El club está formado mayoritariamente por escolares, aunque también cuentan con un grupo de adultos y un equipo de competición absoluto.

Una de las tareas más complicadas es la de iniciarse en este juego, una labor introductoria que realiza Loli Nieto. “Hasta ahora comenzábamos a trabajar con los niños de cuatro años, pero este curso lo hemos retrasado hasta los seis –debido a la mascarilla obligatoria-.  Al principio hay que enseñarles lo más básico, a que se familiaricen con el tablero, reconozcan las figuras y sus movimientos. Si eres capaz de conseguir que se diviertan, se concentran. A edades tan tempranas son auténticas esponjas y progresan a pasos agigantados”.

UN CLUB HUMILDE

El pasado curso, justo antes de que comenzara el confinamiento, el Club Ajedrez Monzón consiguió la victoria en la Copa del Altoaragón a nivel absoluto y la Escuela fue campeona provincial por equipos tanto en categoría Benjamín, como Alevín. “Monzón es una ciudad con tradición y arraigo por el ajedrez. Somos un club humilde, que no estamos aquí para buscar ser campeones de España, tenemos los pies en el suelo y nos encanta lo que hacemos”, señala Blas Garreta, que aprendió a jugar de pequeño al ajedrez en el bar que regentaba su padre, donde se enfrentaba a los abuelos que lo frecuentaban. Al margen de los resultados, matizan la mejora en el rendimiento académico que el ajedrez produce en los alumnos de la escuela. “La práctica de este deporte tiene unas mejoras en la capacidad de toma de decisiones, memorial, calculo…, que se ve reflejado en los estudios”.

Por último, también hay que destacar que desde hace varios años imparten clases a un grupo de usuarios de centro Reina Sofía, que atiende a personas con diferentes grados de discapacidad. “Antes venían al aula, pero durante los últimos meses lo estamos desarrollando de manera online. Incluso unos cuantos acuden a campeonatos y podemos decir que han conseguido buenos resultados, aunque eso sea lo de menos. Da gusto ver lo contentos que se ponen cuando nos ven a través de la pantalla del ordenador”, recalcan.

Un juego, un deporte, una disciplina que va mucho más allá de ganar o perder, una forma de vida para aquellos que lo practican y son capaces de divertirse y entretenerse con algo tan sencillo y complejo a la vez.

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