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miércoles, 1 febrero, 2023

“La relación con el pueblo saharaui ha sido una experiencia inolvidable”

Nada más y nada menos que 913 días después, los caminos de Carmen Castán y Lala volvieron a cruzarse, esta vez en el continente africano. La pandemia ha impedido a la niña acudir a Monzón durante los últimos dos veranos dentro del programa “Vacaciones en Paz”. Ante la posibilidad de viajar al Sahara a finales del pasado mes de febrero, esta profesora montisonense no se lo pensó. Acompañada por sus dos hermanas viajaron hasta un campamento de refugiados cercano a Tinduf, donde vivieron situaciones muy emotivas. Además, conocieron de primera mano la realidad de un pueblo que lleva décadas atravesando una situación muy comprometida y que sobrevive gracias a la ayuda humanitaria. 

“Una parte de mí se ha quedado allí”, asegura Carmen, que suspira cuando recuerda su viaje al Sahara y su reencuentro con Lala, a la que espera con los brazos abiertos en la capital mediocinqueña dentro de unos pocos meses. “Contaba los días que llevábamos sin vernos… Cuando nos despedimos en el verano de 2019 creíamos que nos despedíamos hasta el siguiente año, pero el Covid lo cambió todo…”, asegura. El viaje al campamento saharaui ha sido la culminación de un proyecto que ya hacía tiempo que rondaba la cabeza de nuestra protagonista y que finalmente este invierno pudo llevar a cabo.

Unas semanas antes de subir al avión, puso en marcha una campaña de recogida de ropa, juguetes y material educativo en el centro salesiano Santo Domingo Savio de Monzón, donde trabaja como profesora. “Fue una locura, la colaboración por parte de alumnos, ex alumnos, sus familias, etc… La movilización y el llamamiento que hicimos fue un éxito”, explica. En este caso la colaboración del Ayuntamiento de Monzón ha sido fundamental, siendo ellos los encargados de hacer llegar a su destino–Esmara, uno de los campos de refugiados- el grueso de lo recogido. El resto, fueron Carmen y sus hermanas, Pepa y Teresa, las que lo transportaron hasta allí aprovechando su viaje. La biblioteca de Monzón también ha aportado libros usados, pero en buen estado, que se suman al material recopilado en Salesianos. “Los niños conocen el idioma, en las escuelas es su segunda lengua. Hay que recordar que el Sahara Occidental fue una colonia española”.

Según datos de ACNUR la tasa de alfabetización es ahora del 96%, incrementándose notablemente durante los últimos años. La enseñanza que allí se les ofrece es hasta los 16 años, teniendo la posibilidad de seguir formándose gracias a un convenio existente con España, Argelia y Cuba, donde pueden estudiar Bachillerato e incluso más adelante una carrera universitaria. “A pesar de salir de allí, muchos deciden volver. Están convencidos de que llegará su día y podrán regresar a su casas, de donde fueron expulsados”, explica.

REVOLUCIÓN FAMILIAR

El verano 2019 fue el momento de inflexión para la familia de Carmen, que decidió entrar a formar parte del programa “Vacaciones en Paz” a través de la asociación Alouda –Amigos del Pueblo Saharaui del Alto Aragón-. “Llegó Lala -9 años- y revolucionó la vida a toda nuestra familia. Estaba incluida dentro del grupo de discapacidad, pero el único problema que tenía en realidad era un estrabismo sin tratar; enseguida nos demostró que era más lista que el hambre”. Unos pocos meses que dejaron huella y que sería el principio de una estrecha relación. “La familia de Lala es muy pobre, tienen lo justo para comer. Durante este tiempo hemos podido comunicarnos con ella a través de un móvil que le proporcionamos, y gracias a la red Wifi de la que disponen en el campamento hemos mantenido el contacto”.

Cuando conocieron que se iba a realizar un vuelo con motivo del Maratón del Sahara, una competición deportiva que pretende dar visibilidad a la situación de los refugiados, decidieron aprovechar la oportunidad que se les presentaba y las tres hermanas Castán sacaron los billetes sin pensarlo.

UNA EXPERIENCIA ÚNICA

En tierras africanas se hospedaron en uno de los campamentos situados cerca de Tinduf, concretamente en Smara. Una familia las acogió tanto a ellas como a Lala, que vino desde el campamento de Dajla -a unos 250 kilómetros- a pasar unos días en su compañía. Unos días para el recuerdo, donde tuvieron que soportar un sofocante calor durante el día, un frío helador por la noche, a lo que había que sumar las tormentas de arena que solían hacer su aparición por las tardes. “Ya me habían avisado que una parte de mí se quedaría allí. Conocer en primera persona la realidad que viven sin duda es impactante. Son valientes, generosos… su realidad es diferente a la nuestra y son capaces de ser felices con lo poco que tienen, una circunstancia que debería hacernos reflexionar”.

Una jaima de tela, una alfombra en el suelo y unos cojines, eran el lugar donde durmieron durante su estancia allí, no contaban con agua corriente y el baño era un agujero en el suelo junto a la vivienda. “Nos acogieron a las mil maravillas. Todas las hijas de la familia habían estado en España años atrás gracias al proyecto “Vacaciones en Paz”; ellos nos acompañaban por el campamento, nos llevaron a visitar las dunas, los lugares más emblemáticos y nos aconsejaban sobre todo aquello que pudiera hacer nuestra estancia lo más agradable posible”. Durante los días que permanecieron allí hay que destacar la celebración de la proclamación de la República Árabe Saharaui Democrática, cita que se celebra cada 27 de febrero y donde la música y la alegría se desbordan durante unas horas.

Por otro lado, también fue muy especial su participación en el mencionado Sahara Maratón, en su caso en la distancia de 5 kilómetros. “Te dejan en el desierto y tienes que regresar al campamento para cubrir la distancia a la que te has inscrito. Cuando quedaban unos 2 kilómetros, los niños salían de la escuela te cogían de la mano y no te soltaban hasta la meta. Te llevaban en volandas con su entusiasmo”, relata.

REPARTO DE MATERIAL

Una de las principales tareas que debían llevar a cabo durante su estancia en el campamento era el reparto del material que habían traído con ellas –unos 100 kilos-. En un primer momento su intención era repartir el calzado durante el Maratón, pero los acontecimientos se precipitaron y como nos dice Carmen: “Allí las cosas suceden, no las puedes planificar”. Todo comenzó cuando vieron a tres niños descalzos en el campamento y decidieron darles unas zapatillas… al cuarto de hora comenzaron a llegar otros tantos, la voz se fue corriendo y en una hora repartieron todo el material que habían traído. También repartieron gafas de sol –tienen muchos problemas oculares-, y recorrieron escuelas y guarderías para entregarles material escolar y juguetes varios. “Es muy importante tener en el campamento a una persona de confianza a través de la cual canalizar los envíos que iremos realizando y que de esta forma se haga un reparto justo y equitativo. Mi sueño sería volver una vez al año, pero si eso no es posible, al menos hemos encontrado las personas adecuadas que nos ayuden desde el campamento”, explica. Hay que resaltar que la pobreza de la mayoría de las familias es extrema y 40 euros a la semana pueden ser la diferencia entre clase baja o media.

REGRESO DE LALA A MONZÓN

A medida que avanzan las semanas en este inicio de 2022, cada vez parece más probable que este verano se recupere de nuevo la iniciativa de “Vacaciones en Paz”. En principio se va a destinar únicamente a niños de 8 años, pero el caso de Lala es especial y todo hace indicar que podrá regresar a Monzón en los próximos meses. “No entra en la edad, pero harán una excepción debido a su discapacidad ocular, vendrá para ser sometida a una revisión y podrá quedarse todo el periodo estival, por lo que toda la familia estamos muy contentos y emocionados de que vuelva tres años después”.

Por último, nos recuerda que hay dos maneras de ayudar al pueblo saharaui, una sería ofrecerse voluntario para acoger a un niño, un vínculo que se mantiene durante toda la vida. La otra manera es colaborar en las campañas de recogida de material como la que se realizó en Salesianos hace poco más de un mes. “Volveré, de eso estoy segura. Todo lo que me habían contado y explicado se queda en nada ante la experiencia de viajar allí y conocer su realidad…”, concluye emocionada tras tan intensa experiencia.

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