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domingo, 26 mayo, 2024

El retrovisor: Mujeres con genio (1) por Guillermo Uguet

PIEDAD DE SALAS MERLE DE LIFCHUZ

Cabe preguntarse si la mujer que se dedica a la Ciencia y/o la Cultura tiene la influencia e imagen pública que merecen sus aportaciones. Si trasladamos la pregunta a finales del XIX y del XX la respuesta exige un cambio radical. Entre otros factores el rol social de la mujer limitaba a muy pocas la oportunidad de labrarse una carrera profesional y buena parte de esas mujeres renunciaron a hacerlo. Excepto en casos puntuales fueron ajenas a la memoria colectiva y las que lo hicieron están olvidadas por el gran público.

Entre ellas hay algunas montisonenses de nacimiento, raíz familiar o que fueron conciudadanas nuestras durante algún tiempo. Por sus méritos les debemos un reconocimiento que empieza por divulgar su trayectoria y aportaciones. Empezamos con una figura de las Letras como Piedad de Salas Merle que en Enero de 1897 nacía en Jerusalén. Con su esposo Alejandro Lifchuz formaron una pareja notable.

Una rama de la noble estirpe de los Salas llegó a Monzón procedente de San Esteban de Litera hace 166 años. El que abrió la casa comprada a los Salazar, D. Francisco J. de Salas Sichar, diplomático de carrera, estaba destinado como ministro plenipotenciario en Jerusalén cuando nacieron su segundo hijo D. Jaime (1895. En un RETROVISOR divulgamos sus aportaciones al Cine de la edad de oro) y Piedad (1897). Con el cambio de siglo el padre fue destinado a Cardiff (Gales) y allí empezó sus estudios primarios. Hasta 1913 en el que el padre fue destinado a Nueva York y Piedad se quedaba en Madrid. En 1919 se le trasladó a Hamburgo donde se mantuvo hasta 1931. Seguramente Piedad pasó con él largas temporadas antes de su matrimonio con A. Lifchuz.

UN MUNDO ABIERTO

Basten esos detalles para comprender que Piedad gozó de una formación de mujer de mundo, abierta a propuestas variadas y diferentes a las de España, con un dominio de idiomas que le dió acceso a obras sin traducción al español. Desde niña mostró interés por la Literatura y especialmente por el teatro.

UNA CARRERA PROPIA

Piedad buscó una independencia económica y social que, además, le daba un prestigio social de perfil propio, cuando podría haber seguido la comodidad de un rol clásico en la alta sociedad. Piedad consta entre las mujeres traductoras más relevantes de su época. Su conocimiento del francés, inglés, alemán y ruso le dieron un gran potencial como traductora directa al español (era habitual traducir desde otra traducción previa, con frecuencia al francés) y también para adaptar obras de teatro que presentaba en su propio local.

Alejandro Lifchuz recibía la nacionalidad española en Junio de 1925. Nacido en San Petersburgo trabajaba de Ingeniero Químico en Galdákano para la UEE (Unión Española de Explosivos) como responsable del Departamento de estudios y aplicaciones. Piedad y Alejandro se casaron en 1925 o en el año siguiente pasando a residir en Bilbao (allí vivía también su hermano Jaime como inspector del puerto). Con él debió mejorar su ruso para que por el interés creciente sobre la literatura rusa (no la clásica, por supuesto) le confiaran en 1931 traducciones directas como “Diario de una maestra rusa: la vida escolar en los soviets” o “La Nueva Tierra: apuntes de una maestra”. Piedad participó como traductora en 10 obras y como autora en 4 (novela y teatro), explorando el periodismo en sus años de Bilbao con crónicas culturales en “Memoria de Madrid”.

LA CARBONERA

Los Lifchuz Salas se trasladan a Madrid en la posguerra y en 1943 nombran a su esposo consul honorario de Grecia, detalle capital para Piedad. La carbonera de la vivienda gozaba de poco uso y Piedad le hizo sitio a sus caballetes (fuentes añaden la de pintura a sus profesiones pero tal vez no pasó de una afición seria). Según nos cuenta Alba Gómez García, estudiosa del teatro de la época, le incorporó paso a paso detalles transformando la carbonera en un estudio en el que además recibía a sus amigas. Leían poemas, escenas de teatro alternativo…. Llega el momento en el que se plantea abrir al público las veladas. artísticas alternativas como “Teatro de Arte la Carbonera”. Desde 1952 hasta 1963 (nueva ley de censura) nunca tuvo que pedir licencias de exhibición tal vez por respeto a ser residencia consular. Entre las amigas (de perfil ajeno a la alta sociedad de Madrid) que le animaron a dar el paso fue especial Josita Hernán, estrella de cine (“La tonta del bote”), luego de teatro y descontenta con lo que se podía hacer en España marchó a Paris en 1953 donde trabajó como profesora de teatro en el Conservatorio Nacional de arte dramático de Paris. Allí mantuvo conexión con Piedad descubriendo textos que estrenar en España (en algún caso tardaron más de una década en saltar a los teatros comerciales) y colaborando como actriz o directora de escena en La Carbonera.

TE Y SIMPATÍA

En la posguerra el teatro comercial era solo un entretenimiento para las masas y abrirse a una nueva temática chocaba con la censura además de ser económicamente ruinoso. Los teatros de cámara exploraban esa apertura. La Carbonera de Piedad era un paso más allá al gozar de la protección consular. Temática absolutamente rompedora como la homosexualidad, prostitución, otros enfoques políticos y religiosos, adulterio, perfiles de hombre y mujer alejados de los aceptados por el Régimen,…La alta sociedad de Madrid, diplomáticos, amantes del teatro alternativo y los más afamados críticos teatrales de la época se procuraban un sitio en el pequeño teatro de Piedad. Los mejores actores y directores de escena, incluida la misma Piedad, dieron vida a múltiples estrenos en España de obras rompedoras.

Como Te y Simpatía, estrenada en Broadway en 1953 dirigida por Elia Kazan con más de 700 representaciones y Deborah y John Kerr en sus papeles principales. En La Carbonera se estrena en Marzo de 1956 y la versión cinematográfica de Vincent Minelli (también con John y Deborah Kerr) no estrena hasta Septiembre de 1956 con adaptaciones que suavizaban el análisis sobre la sociedad del momento de la homofobia, el rol masculino amable y tierno y una mujer que aspira a algo más que a ser un objeto decorativo que ofrece a los visitantes té y simpatía.

Hay más historia desde 1966, para otro momento. 

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