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jueves, 28 octubre, 2021

El colegio de Valcarca sobrevive a una situación crítica

La Navidad es una época repleta de momentos mágicos y que con su llegada nos alegra los corazones. En este pequeño núcleo mediocinqueño de apenas doscientos habitantes, el regalo navideño ha llegado con unas semanas de adelanto, y lo hace por partida doble. Una familia de origen sirio formada por diez miembros –cinco de ellos en edad escolar- se ha instalado en el pueblo en una vivienda licitada por parte del Ayuntamiento, con el objetivo de que la escuela no se cierre. Tras meses de incertidumbre, al menos de momento, todas las partes implicadas respiran aliviadas.

Lucía ha sido durante semanas la única niña que ha dado vida al colegio de Valcarca. Ella junto a su profesora Silvia eran las supervivientes de una escuela rural que afrontaba una situación crítica desde el pasado curso, donde solamente hubo dos alumnos matriculados. “Hemos luchado mucho para que se mantuviera con vida; cuando un colegio se cierra es muy complicado que pueda abrirse de nuevo. El trabajo de todas las partes ha dado sus frutos, el CRA, el Ayuntamiento, las instituciones que han confiado en nosotros y nos han dejado comenzar el curso con una sola alumna… Por eso este momento es tan especial y nos hace tanta ilusión ver el aula de nuevo con vida”, explica Rosa Mª Basols, directora del CRA El Trébol –formado por los colegios de San Esteban, Esplús, Binaced y Valcarca-.

Debido a diversas circunstancias, el colegio ha pasado de contar con alrededor de quince alumnos hace una década a estar al borde de la desaparición. Por suerte, la llegada de esta nueva familia da un respiro a la acuciante situación en la que estaban inmersos. Larissa (4 años), Rawan (6 años), Ibrahim (8 años), Barfin (9 años) y Mohamed (12 años) son los nuevos compañeros de Lucía. A estos cinco niños y niñas en edad escolar hay que sumar otras tres chicas que realizan estudios secundarios en el instituto de Binéfar. Una familia de diez personas que desde hace tan solo unos días residen en esta vivienda propiedad del Ayuntamiento de Binaced. “Hubo otros interesados, pero priorizamos el número de niños que aportarían al colegio y ellos fueron los que consiguieron la mejor puntuación para asignar el contrato de arrendamiento”, explica Juan Latre, alcalde de la población.

UNA FAMILIA VIAJERA
La guerra civil en Siria provocó que esta familia tuviera que hacer las maletas y abandonar su hogar, para comenzar un peregrinar por diferentes lugares, donde han buscado asentarse, sin suerte por el momento. Turquía, Alemania, Bélgica o España son países donde han estado durante los últimos años; en algunos de ellos les han acogido, pero tenían problemas a la hora de escolarizar a sus hijos y eso les hizo buscar otras alternativas. “Sus padres están muy interesados en que se formen y puedan tener la oportunidad de estudiar. Los chicos son inquietos, tienen ganas de aprender y se están adaptando rápidamente”. Antes de recalar en el Cinca Medio estuvieron viviendo en Almería y en Grañén, lo que les ha servido para familiarizarse con el idioma y hacerles más fácil la adaptación a su nuevo hogar. Como ellos mismos se denominan: “Somos una familia viajera”.

Tras la matriculación de los nuevos alumnos se han producido algunas novedades en forma de ayuda para Silvia Tapia, la profesora que este año se encarga del colegio de Valcarca. “Hasta ahora solo tenía en clase a una persona y yo era la que le impartía todas las materias. Ahora la situación ha cambiado, ya que durante diversos momentos de la semana se desplaza hasta aquí diferente personal para dar las clases de música, francés, inglés… (el CRA forma parte del programa Brit – Aragón bilingüe) y también una profesora de apoyo para que así podamos desdoblar las clases en asignaturas como matemáticas o lenguaje”, explica Silvia Tapia.

El colegio cuenta con unas magníficas instalaciones y con las mismas herramientas que en cualquier otro centro. Disponen de un ordenador para cada dos alumnos, una pizarra digital y lo más importante, una ratio mucho más baja en cuanto a alumnos por aula que en otros lugares. “Puedes perder más tiempo con cada uno de ellos y al trabajar por proyectos, explicamos un tema y adaptamos las actividades al nivel que le corresponde a los alumnos”, señala la profesora, que reconoce que con la llegada de estos cinco niños todo ha cambiado mucho. “Hasta ahora cuando llegaba el momento del recreo, Lucia me tenía a mí como única compañera. Así que aprovechábamos para practicar yoga o pasar un rato con un juego de mesa”. Ahora se vuelve a escuchar algarabía en los alrededores del colegio, se ven carreras por la pista polideportiva detrás del balón o se vislumbra la curiosidad de los niños cuando ven a un vecino arrancando la lechuga de su huerto –quien por cierto les explica lo que está haciendo y les regala una a cada uno-. Situaciones que solo pueden pasar en la escuela rural y que les permite formarse en todos los aspectos, no solo en el académico.

REGALO ANTICIPADO DE NAVIDAD
Papa Noel y los Reyes Magos han irrumpido con fuerza en Valcarca. El regalo ha sido de los importantes por todo lo que supone para el mundo rural, y también para una familia que va a tener en esta población la oportunidad de asentarse en busca de nuevas oportunidades. “Es la culminación de un trabajo que se ha prolongado durante algo más de un año. Tuvimos la oportunidad de comprar esta casa y de esta forma intentar atraer a nuevos pobladores”, explica el máximo responsable binacetente, que junto a María Pilar Cardona, alcaldesa pedánea del núcleo, han tenido múltiples reuniones y han hecho todo lo posible para que el colegio no se cerrara. “Les hemos ayudado a instalarse y estamos seguros que el proceso de adaptación será sencillo. Es un pueblo pequeño, pero agradable. Escuchar a niños corriendo por las calles produce una gran alegría”, asegura. A pesar de la llegada de esta familia, el Consistorio va a seguir trabajando en la atracción de nuevos pobladores para dar vida a una zona rural, que demuestra día a día que no se resigna a caer en el olvido.

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